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Cierta vez el Nico le contaba a Rubito sobre una experiencia que tuvo mientras trabajaba en La Paloma, y éste la transmitió en forma de cuento. Vos sabés cómo es La Paloma? El qué? Un frío que no hay quien aguante en invierno. -No te vayas petiso, me decía Don Juan. Pero yo, ¿cómo te va? Capaz de enfermarme allí, porque vos sabés como es La Paloma? Allí un chalet pega un grito y el otro no le contesta. Se pierde entre los árboles. Y eso que tenía de todo, pa´comer, pa´tomar, pa´taparme. Vos sabés lo que era yo? Un rey te digo, pero no había ni un cinco pa´cer escoba. En invierno yo no aguanté más. Y eso que cuando quería comer manzanas iba a la despensa y tiraba el cuchillo de lejos, a clavar, y la que clavaba la comía; pero no es vida. En invierno no es vida. Ahora en verano sí aquello es la mezquita, ¿te acordás? Como lo que yo tenía que hacer era trabajar mis horitas y chau… no hacía nada. Me iba a pasear de mañana temprano y a mediodía me iba a la playa y me tendía al sol y me bañaba y jugaba al fóbal y me bañaba. Cuando fui no tenía short, pero me compré uno a 25 reales para exhibir mi desafada silueta. Cómo te va? Y de noche me iba a bailar con cada turista! Pero la más divina era una americana. Tenía un pelo que se enredaba en los dedos! Era una rubia que encontré de casualidad. Me miraba como de otro mundo. Una noche le hice una seña y me cabeceó y ahí salimos. Yo le hice unos cortes pa´probarla y ella me siguió. Bailaba con tal gentileza que yo le pregunté quién era y cómo andaba sola. Hablaba poco el uruguayo, porque era gringa, pero piernaza! Me preguntó quién era yo –tábamos tomando wisky- y le mentí. ¿Qué iba a hacer? Le dije que era un estudiante que le fachuteaba el balero y que había tenido que tomar unas vacaciones pa´descansar. Ella me decía que no entendía lo que yo le decía y tuve que hacerle seña pa´la bóveda. No le mostraba mucho las manos,- porque vos sabé, con la cal…- y ella se reía y se reía como un cuisito. Bailábamos de todo –pero vos sabé qué cuerpo!- y no le aflojaba al beberaje y yo tampoco. Una leona la gringa! Me hacía pedir agua por seña! Sabé? Como 23 en tierra arada! La negra Mona un poroto con la gringa. Tuvimos una semana. A mi me chiflaban y miraba y no era nadie. Pero en el invierno, como te dije, más solo que el campo. Y dije: yo me voy. Junté mis larailas y me vine. Uno extraña alfayate y yo ya estoy en el medio uso.- |