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La menor. Ibas al sol, al duro sol de enero y de los campos por los llanos desiertos, sedientos, agrietados… La menor. Soñando con el agua y con la sombra, arrastrabas el paso; ni una nube, ni un ave en el cielo de acero desolado… Do mayor. Una corriente de agua ibas soñando, un gran árbol de sombras, un gran árbol… Do mayor. Pero a través de las pestañas todo hería de blanco, y el viento: una caliente boca de horno, y de metal los pastos… La mayor. Y de pronto en la nada calcinada, renegando del páramo, te topaste con una “sombra de toro”, allá a lo lejos, manso, achaparrado… La menor. Y tu sangre corrió, pura vertiente, y se borró el cansancio, y la vida cantó y apresuraste el paso… Porque siempre habrá un árbol. En medio de la nada calcinada siempre habrá un árbol. Texto: Washington Benavides Música: Rubén Lena
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