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Escrito por Luis Neira   

Mis recuerdos de Ruben Lena datan de mucho tiempo atrás, en un viaje de Montevideo a Treinta y Tres en coche-motor, siendo yo  todavía un niño. Desde un rincón del vagón observaba al grupo de estudiantes magisteriales (de aquellos institutos que más que libres eran "amateurs") que venían de vez en cuando a Montevideo a rendir examenes oficiales. En ese grupo de casi todas mujeres, se destacaba el rubio por su carácter alegre expansivo y dicharachero.

Arremeter al canto popular.Era en la década del 40', por eso tal vez, la escena se me aparece con ritmo, con un ritmo tropical, rumba, ritmos centroamericanos. O porque tal vez a ese muchacho rubio, desmanado, mezcla de poeta y centrodelantero, se le traslucía el canto, el ritmo. Incubaba el gérmen del destacado autor de canciones que sería luego. Y faltaban más de quince años para que supiera, en realidad, que podría componer hermosos versos cantables donde pintaría sus paisajes entrañables, escenas pueblerinas o rurales de honda familiaridad, personajes inefables; todo elevandose de un plano comarcano para adquirir acaso una perspectiva de universalidad.

Otra escena del "Rubito" que viene a la memoria, es de aquel impetuoso centrodelantero del Club Atlético "La Vaca Azul", del boliche epónimo de nombre surrealista (que daría para muchas páginas) y que muestra a este maestro autor de canciones como un hombre profundamente arraigado a lo popular. Y, finalmente un Lena más cercano el que conocí en la década del 60' en la pensión de Irma, su cuñada, en la calle Juan Paullier. Ya maestro de reconocida trayectoria, venía de realizar cursos de especialización en educación rural de un centro internacional de UNESCO en Venezuela, período importante dentro de su formación.

Era ya el autor de "La Uñera" su primera canción, que se constituyó durante un tiempo en una especie de himno de la muchachada bohemia del "treintaytres del olimar", durante unos años. "La uñera", una zamba dulce y nostalgiosa que se inscribe en ese escenario sereno y sentido de los atardeceres pueblerinos en las costas del Arroyo Yerbal y el Río Olimar.

En lo de Irma compartimos largas tardes y charlas, cuentos y algunas canciones. Empezaba a ensayar los primeros acordes en la guitarra, creo que todavía no tenía guitarra propia. Pero de allí en adelante con el mismo ímpetu y fervor con que ha encarado su tarea docente, con el mismo ímpetu con que arremetía a los boleros, Rubito arremete al arte de crear canciones, para convertirse en uno de los más destacados autores del Canto Popular Uruguayo. 

Anecdotario Personal.

Muchas de sus canciones, no todas, integran hoy este libro, "Las cuerdas añadidas" (Las cuerdas añadidas por Rubén Lena edición de la Banda Oriental, Diciembre de 1980, 56 páginas. Distribuye EBO). Son precedidas por breves historias, encuadres sobre el origen de cada canción realizadas por el propio autor con algo de timidez o recato, quién no ha querido agregar a la canción, más de lo que la canción es, como dice en el prólogo: "Cada canción debe sostenerse en sí misma (ahora y siempre) y no sobre explicaciones previas o comentarios anticipados (ayuditas en fin, didácticamente válidas, pero de patas cortas) aunque ahora no se trata de eso sino de ir a posteriori a visitar el anecdotario personal"... Y con el mayor de los respetos nosotros le agregamos, qué lástima que Rubito le haya hecho una "visita de doctor", tan cortita, y no una de aquellas largas visitas de campaña que solían durar semanas; porque material en su anecdotario sabemos que tiene de sobra y al ruiqueza de sus personajes daría para un largo desarrollo.

Están allí la canciones que nos hablan de personajes profundos y trágicos como Prudencio Correa, Joaquín, Martín Aquino, El Botellero, Juan (el flaco que es albañil), El Carao Peralta, etc.

No sabemos si es por haber conocido situaciones y personajes que vemos en "por Prudencio Correa" y "Adiós amargo al Carao Peralta", los poemas más profundos con historias de trágico dramatismo es a "por Prudencio Correa", canción a la que dedica el comentario más breve de todo el libro, tal vez por lo que anotaramos antes de que "la canción debe sostenerse a sí misma" Prudencio Correa es un tema imponente, no solo en dramatismo sino en lo que atañe a profunda convicción humana y conlleva a la vez sesgos de pintoresquismo.

En esta historia, Lena nos impacta con versos electrizantes que son lanzados como la detonación misma a que hace referencia.

"Yo no vi pero sentí clarito

y ¿quién no oyó el temblor de la descarga

que le partió la frente

aquella tarde clara?

Tal vez no tan patetico, pero con un mismo tono de dramatismo y hondura, pero con diferente entorno y tratamiento, porque fueron diferentes las circunstancias vitales de cada uno, porque tuvieron diferentes personalidades, surge el "Adiós amargo al Carao Peralta".

"Se terminó el Carao flor de guitarra

en los boliches pobres.

Se terminó el Carao con su guitarra.

Ya la luna no oirá cantar al vino

en dormidas ventanas.

Treinta y Tres ya no oirá sus serenatas."

Tal vez sea en estos versos que Lena adquiere su mayor dimensión poética. Gracias a una particular sensibilidad y a una capacidad para componer ambientes y delinear personajes. Traza con una línea sutil un tenue retrato del personaje idealizado poeticamente. 

Podemos agrupar luego a otras canciones que muestran una faceta diferente, donde Lena toma personajes que son tratados en versos que configuran una dimensión social. Allí muestra trabajadores, hombres de campo o la ciudad, de corte morosoliano, personajes pintorescos, a veces parias, donde aparece: "¡No lo conoce a Juan!", "El Botellero", "Al Butaca", "Orfeo Lalá", "Olero". En esta serie, donde no todas las canciones alcanzan la misma altura, se destaca nítidamente "Pobre Joaquín", poema que basándose en una circunstancia de la vida real se alza en una dimensión filosófica.

Por último, podríamos hablar de un grupo de canciones de tono descriptivo donde aparecen escenas pueblerinas, dadas casi siempre en un ambiente festivo como "De Cojinillo", "La Ariscona", "Isla Patrulla", "El Mangangá", etc, que funcionan simplemente como canciones y no es otra cosa lo que se ha propuesto el autor. Merece un comentario aparte en este grupo, "De Cojinillo", por estar inscripta en un entorno real y entrañable de una época treintaytresina por configurar un cuadro de personajes riquísimos que, fuera de la canción de Lena no han sido explotados por la literatura.

Volviendo a lo que decíamos en otra nota, es una muy saludable iniciativa de EBO y de Washington Benavides -que está junto a todo esto- publicar a los poetas del canto, porque en la lectura, detenida y morosa, redescubrimos cosas que en el correr del disco se nos pasan volando.

Modificado el ( martes, 25 de mayo de 2010 )
 
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